Cada 15 de febrero en Argentina, se conmemora el Día
Nacional de los Glaciares para actualizar el aniversario de la llegada del
explorador y científico Francisco “Perito"
Moreno a lo que bautizó como Lago Argentino, en 1877. En esa expedición divisó el increíble glaciar
que lleva su nombre, hoy dentro del Parque
Nacional Los Glaciares.
En 2018, Argentina registraba 16.968 cuerpos de hielo consignados
en el primer Inventario
Nacional de Glaciares, una herramienta esencial para su protección y manejo,
creado en cumplimiento de la Ley 26.639,
sancionada en 2010 que establece los presupuestos mínimos para la protección de
los glaciares y del ambiente periglacial en Argentina. Quizás el más conocido,
el glaciar Perito
Moreno, se formó durante la Edad de
Hielo, tiene una extensión de 250 km² (más grande que la ciudad de Buenos
Aires), emerge sobre el lago como un gigante blanco hasta una altura de 78
metros (equivalente a un edificio de 20 pisos). Es la tercera reserva de agua
dulce más grande de la Tierra, superada solo por los hielos de la Antártida y
Groenlandia. Frente a su magnitud, solo cabe el silencio contemplativo, cuando
se tiene el regalo de pararse frente a él y ser testigo de los ruidos que
producen sus constantes desprendimientos en su movimiento majestuoso en su
entorno natural único. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y
es una visita imprescindible para quienes van a la Patagonia austral.
Los glaciares no son solo "grandes masas de hielo que
guardan agua dulce", considerados hasta hace poco inertes, sin actividad
biológica. Investigaciones
de la última década han transformado esta perspectiva, demostrando la
existencia de comunidades microbianas que toman CO2 y metano de la
atmósfera, ambos gases de efecto invernadero, que influyen en el clima global.
Como extensas superficies blancas, los glaciares disminuyen
la temperatura del suelo a través de la capacidad de reflejar la radiación
solar. Este efecto, conocido como albedo,
evita que el suelo absorba calor. Las superficies blancas tienen un alto
albedo, los bosques o superficies verdes tiene un albedo medio, reflejan gran
parte de la luz, mantienen el clima fresco. Las ciudades con superficies en su
mayoría de cemento y asfalto tienen bajo albedo, lo que contribuye al efecto de
"isla de calor urbana".
Los glaciares se mueven lentamente como ríos de hielo por la
gravedad, montaña abajo. En este desplazamiento erosionan las superficies
rocosas por donde pasan y modelan el paisaje. Durante la fricción, muelen y
liberan sedimentos, “harina glacial”, polvo de roca que es rico en hierro (Fe)
y otros nutrientes para los seres vivos. Cuando ese hierro y nutrientes llegan
al mar, benefician el crecimiento del fitoplancton, conjunto de
organismos acuáticos que se alimentan por fotosíntesis a partir de la luz solar
y consumen CO2. Estos organismos, muchos de ellos microscópicos, son
responsables de producir el 50% del oxígeno de la atmósfera, secuestrando
el carbono de esta para su alimentación y conforman el comienzo de
las redes alimenticias del mar. Hasta grandes animales, como nuestra Ballena
Franca Austral, protegida a través de su declaración como Monumento
Natural desde 1984, dependen del fitoplancton, ya que es el alimento del
krill (un pequeño crustáceo marino) del cual se alimentan. De este modo, glaciares
y ballenas están conectados por la maravillosa red que sustenta la vida en el
planeta.
La extensa plataforma submarina argentia es uno de los
mayores desagües de carbono del mundo, en parte, por esta "harina de
glaciar" que baja de nuestra cordillera. Cuando los organismos mueren, caen
al fondo marino, "secuestrando" el carbono que quedará allí por
siglos. Los glaciares de los Andes captan CO2 de la atmosfera,
actúan como una molienda gigante que produce un material rico en hierro y otros
nutrientes, que es transportado hasta su deposición en el Atlántico Sur,
contribuyendo de manera activa e indispensable en la regulación del clima de
todo el planeta.
Argentina cuenta con la Ley 26.639,
que establece presupuestos mínimos para la preservación de glaciares y del
ambiente periglacial. Que sea una ley de presupuestos mínimos significa que es
una base de protección ambiental obligatorio para todo el territorio, que las
provincias no pueden disminuir, aunque sí pueden ampliarlas. Define a los
glaciares como bienes de carácter público, y busca preservarlos como reservas
estratégicas de agua, proteger la biodiversidad y los valora como fuente de
información científica y atractivo turístico. Restringe las actividades que
puedan afectar su condición natural, como la exploración y explotación minera e
hidrocarburífera, liberación de sustancias contaminantes, construcción de obras
e instalación de industrias.
El Gobierno nacional envío al Congreso en diciembre de 2025, el proyecto para reformar la Ley de Glaciares, “con el objetivo de ordenar el marco normativo vigente, poner fin a interpretaciones arbitrarias y consolidar un esquema de federalismo ambiental plenamente compatible con la Constitución Nacional”. La reforma se centra en la revisión del concepto de ambiente periglacial, calificada de "indefinida" por el sector minero, pero considerada esencial por científicos y ambientalistas para garantizar la reserva de agua dulce. Las áreas periglaciales se caracterizan por la presencia de suelo congelado y ciclos de congelación y descongelación del terreno, que aportan al caudal de ríos donde no necesariamente hay glaciares. Esto genera controversias en la interpretación de las zonas protegidas por esta ley.
Las opiniones dentro de los profesionales están muy
divididas. El geólogo mendocino Eddy Lavandaio, egresado de la UNC en 1967, especialista
en yacimientos de cobre, jubilado del Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR)
argumenta que la ley protege territorios que "no son recursos
hídricos" en sí mismos. En una entrevista de 2025expresó “casi todos los yacimientos
sanjuaninos de cobre están en ambiente periglacial y la Ley de Glaciares
prohíbe la minería en ese ambiente. Lo que pasa es que ese ambiente está mal
definido en la ley, que existe una imprecisión cartográfica, que después
repercute en la seguridad jurídica.Para Lavandaio, la inclusión del ambiente
periglacial es lo que denomina la «trampa» de la ley, pues considera que en sí
mismo no constituye una reserva de agua y propone como modificación quitar
la prohibición de actividad minera en el ambiente periglaciar.
La nota completa acá: https://latinta.com.ar/2026/02/20/guardianes-tiempo-glaciares-mar-argentino-pulmon-global/

